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Jorge Vidal redacción

Nací y me críe en Huesca, en una familia de estirpe pirenaica y monegrina, aunque la cigüeña que me trajo hasta aquí no lo hizo desde París sino desde el otro lado del Mediterráneo, o sea, que antes de nacer ya estaba viajando. A los 3 meses, en lugar de llorar parecía que cantaba en aragonés aquella canción que crearon desde el Bearn francés:
Aqueras montañas tan alteras son no me dixan bier os míos aimors Aqueras montañas cuán sa baixaran e os míos aimors apareixerán
Finalmente aquellas montañas no bajaron, y tal era mi insistencia que mis padres no tuvieron más remedio que llevarme a ver que había al otro lado de las Pirineos. En ese momento abrieron la Caja de Pandora pues desde entonces no he parado de viajar, sobre todo desde que de pequeño leí los tebeos del Capitán Trueno y me imaginaba, como él, viviendo aventuras por todos los rincones del planeta.
Lo del periodismo llegó un poco por casualidad, porque siempre me había interesado el proceso de la comunicación, bien desde el arte, bien desde la palabra. Fue el descubrimiento de Marshall McLuhan y su análisis de los usos y aplicaciones de la tecnología y su impacto sobre los modelos y hábitos sociales lo que me hizo decantarme por el periodismo, una de las decisiones de las que estoy más satisfecho en mi vida.
Como periodista, además de las típicas prácticas por la que todos pasamos, me he formado en Suecia (Radio Sweden Internacional), en Bulgaria (con un proyecto de arte y comunicación) y en España, donde he ido saltando desde la prensa escrita (Diario del Altoaragón), a la radio (Radio Nacional de España), y finalmente a la televisión, donde después de recorrer toda la geografía de nuestra comunidad con el programa “Aragón en Abierto” recibí el regalo de ser reportero de “Aragoneses por el mundo”. |
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