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Arantxa Urzay coordinadora

Maña en cuerpo y alma, de las que se visten de baturra y salen en la Ofrenda cada 12 de octubre, y lecerana de corazón. No en vano los mejores momentos de la infancia y adolescencia los he vivido en ese pequeño pueblo zaragozano donde escasea el agua pero abunda el vino. Cosas de la tierra.
Soy de esa generación a la que ahora los espacios publicitarios animan a que empiece a cuidarse. Sí, ya he rebasado los 30 y por eso he crecido viendo en la tele Barrio Sésamo e Informe Semanal. Este programa mítico, para mi una ventana al mundo, y las diapositivas que las monjas del colegio proyectaban tras sus viajes a África, son los que despertaron mi curiosidad por vivir y contar, contar y vivir.
Mi profesor de literatura siempre me animó a ser escritora, pero el veneno de la tele hizo que tras mi paso por la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza me trasladase a Barcelona a estudiar Comunicación Audiovisual donde me especialicé en guión. Y de Barcelona a Zaragoza, de Zaragoza a Madrid, de Madrid a Zaragoza. Siempre en la tele, siempre aprendiendo y… ¡qué suerte!, siempre disfrutando. Pero los traslados no acabaron ahí. De Zaragoza a Sevilla, aquí tengo que puntualizar que es cierto que Híspalis tiene un color especial, en los inicios del proyecto “Aragoneses por el Mundo”, el cual coordino y con el que he tenido la suerte de vivir experiencias a nivel profesional y personal, inolvidables.
Proyectos pendientes: grabar un documental del que hace dos años tengo escrito el guión; acabar mi doctorado, desde aquí aprovecho para decirle a mi tutora que le prometo que algún día lo acabaré; seguir aprendiendo y disfrutando con esta profesión y sobre todo ser feliz. No suena mal ¿no?. Y todo esto entre viaje y viaje en busca de aragoneses. Definitivamente los días deberían tener más horas. |
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